viernes, 14 de agosto de 2015

Diario de Calisto, 14 - 08 - 2015

     Querida mujer horadada,

     Cuando decides querer a alguien, te expone cual títere unamuniano, pero asumes los riesgos.
Cuando decides querer a alguien por segunda vez tras una traición, simplemente, te abocas al canto del largo lamento, debiéndole la voz solo por la razón de amar.

     Pierdes la apuesta antes de jugar, pero un vehemente sentimiento, casi poseído por el alma de una heroína romántica, te incita a exponer tus cartas, invitándote a cambiar al necio amante. Pareces ser conocedora de la providencia, mas no es más que la ceguera ante la venda de la prepotencia y la emoción por ser la reencarnación de una Doña Inés.

     Entras en el terrible juego, desafiando imperiosamente al amor, llamado a gritos al dolor­ que vendrá, sí, porque sabes que vendrá­ y te preparas para su llegada día tras día. Este llega, y lo asumes con la mayor hieraticidad jamás esculpida en los rostros del antiguo Egipto. Entonces, en ese momento, todo dice que no: no del beso, del paseo bajo la calidez del ocaso otoñal, de la piel erizada en una noche revestida de versos... Recuerdas aquellos de Benedetti: “Despabílate, amor, que el horror amanece” en una noche, ya no revestida, sino oscura del alma. Encerrada en esa torre de marfil, te das cuenta de que eres más fuerte, que el dolor te convierte en víctima, e invadida por todas aquellas tragedias literarias y en un irresistible arrebato de homenaje a sus memorias, te calzas los tacones de la dignidad y caminas dejando todo atrás.

     Marchas llena de heridas, de ilusiones rotas, de promesas que jamás se pretendieron cumplir; marchas con un nuevo nombre: Felicidad Inminente: mientras te quede una nimia brizna de dignidad en el zapato, sigues haciendo música al andar, perpetuando impertérritas huellas a orillas del Leteo.


     P.D.: El amor es el correlato de la muerte, mas un correlato vivo.


Att: El olvido.

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